Paparruchas, desinformación y propaganda en la Empresa de Inglaterra

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La derrota de la Armada Española de Hendrok Frans Schaefels

Aunque en España el mito general es que la propaganda inglesa sirvió para que a la Gran Armada se le llamase Armada Invencible, ya sabemos que los ingleses prácticamente nunca la han llamado así durante más de 400 años.

Sin embargo, la maquinaria de propaganda, tanto inglesa cómo española, sí que desplegó en sus libelos las mayores paparruchas y disparates posibles para que, en cada momento, la desinformación ayudase a los distintos propósitos de los contendientes, antes y después del conflicto.

Propaganda y desinformación en España.

La llamada a las armas, escrita en Lisboa por el jesuita Pedro Ortiz de Ribadeneira, instaba a navegar “con contento y alegría” en una empresa “gloriosa, necesaria, provechosa y no dificultosa”.

Pedro Ortiz de Ribadeneira

“Los santos del cielo irán en nuestra compañía y particularmente los patronos de España y los santos protectores de la misma Inglaterra, que son perseguidos por los herejes ingleses y piden a Dios su venganza” (…) “¡Ánimo, esfuerzo y valor español! Que con este no tenemos que temer y nuestra es la victoria”.

La confianza engreída a base de panfletos como este, hizo que capitanes del ejército español entendiesen que prácticamente no habría batalla e incluso algunos se echaran a suertes el “quien tomará Inglaterra”.

El duque de Parma imprimió en Amberes las copias de una proclama que fue distribuida en Inglaterra, la “An Admonition to the Nobility and People of England and Ireland concerning the present wars, made for the execution of his Holiness sentence by high and mighty King Catholic of Spain”.

El cardenal católico William Allen

El pliego, firmado por el cardenal Allen (Alano para los españoles) y animado por el jesuita Roberto Parsons, afirmaba que la Armada no había emprendido ningún acto de agresión contra Inglaterra, sino que solo ejecutaba la excomunión de Isabel I y pedía a los ingleses unirse al ejército católico.

Isabel I, tratada en el documento como “Jezabel” (reina de Israel conocida por su crueldad y lascivia), habría usurpado por “orgullo luciferino el título del gobierno eclesiástico” y “pretende un gobierno espiritual monstruoso (…) ejercitando un horrible régimen espiritual para todos los laicos, niños y mujeres”.

Jezabel en el cuadro de John Byam Liston Shaw (1896)

El libelo disponía, además, de generosas indulgencias plenarias para aquellos que ayudasen a apresar a Isabel I o a alguno de sus impíos ministros.

Mientras, el cardenal católico exiliado William Allen, junto a sir Francis Englefield, noble católico también exiliado de Inglaterra, y Enrique de Guzmán, conde de Olivares, repartían imaginariamente ya desde España los títulos y honores a entregar a los nobles católicos ingleses dispuestos a ayudar en la Empresa.

España también llegó a acuñar su medalla conmemorativa de la empresa realizada por Jacopo Nizzola de Trezzo.

Nizzola, conocido en España como Jacometrezo, dejó como una de sus más bellas obras el sepulcro de Doña Juana de Austria en el convento de las Descalzas Reales de Madrid y, desde 1579, entró a trabajar junto a Pompeo Leoni en las obras de El Escorial.

Imagen del sepulcro de doña Juana de Austria

De bronce sobredorado y con la imagen de Felipe II en el anverso con la leyenda PHILIPPVS.II.D.G.HISP.REX (Felipe II, rey de España por la Gracia de Dios), en su reverso, junto a una alegoría con el yugo de su bisabuela Isabel, figura la leyenda SIC.ERAT.IN.FATIS (Así estaba escrito por el destino). Esta moneda, según el historiador Hugo O’Donnel, pudo acuñarse justo después del fiasco de la Gran Armada y pudo servir como una respuesta humilde y sincera al fracaso.

Por otro lado, durante el curso de la Armada Invencible por el Canal, los rumores sobre el destino de esta eran tan dispares como que:

En Amberes se decía que “las armadas inglesa y española se han enfrentado en la costa inglesa y los españoles han sido derrotados”.

En Turín corría el rumor de que la Armada había logrado reunirse con Parma.

Imagen de Turín en el siglo XVI

En Praga, mientras tanto, se creía que la flota española volvía a La Coruña afectada por un brote de peste bubónica, noticia que llegó incluso al rey Enrique III de Francia que se alegró de ello.

El 9 de agosto, el embajador de España en París, Bernardino de Mendoza, informa emocionado a el rey de Francia que una semana antes se había logrado una gran victoria contra los ingleses y que la Felicísima Armada “había ganado el viento y echado a fondo a quince naos del enemigo”, llegando a encender una hoguera frente a su embajada parisina para celebrarlo.

París en 1588

Jerónimo Lippomano, embajador de Venecia en España, habla de que el informe de Mendoza es tan confuso, que están a la espera de confirmar esa noticia.

Otros informes optimistas de fuentes españolas, como el de Juan de Gamarra, afirmaban que la flota inglesa había perdido 40 barcos en una batalla librada en Newcastle y que a Drake se le había capturado mientras pretendía asaltar el San Martín de Medida Sidonia.

La conmoción del fracaso de la Empresa de Inglaterra fue aún mayor porque los falsos rumores alentaron las esperanzas de su éxito.

Un sacerdote católico inglés, informador y espía del protestante Walsingham, contó cómo llegaron a San Sebastián noticias de que se había apresado a Howard y Drake y que por la noche se habían encendido hogueras y se proferían insultos a la reina Isabel I.

Francis Walsingham. Secretario principal de la reina Isabel I

La propaganda protestante. Inglaterra y los Países bajos.

No todos los miembros de la nobleza católica eran, en Inglaterra, tan militantes de su fe. Un papista declarado como Anthony Browne, primer vizconde de Montague, que tenía a uno de sus hermanos sirviendo en la Gran Armada se presentó, junto a su séquito, como voluntario el 2 de agosto de 1588 para “asistir a la persona de Su Majestad” lo que supuso para el gobierno inglés un tremendo golpe de efecto.

Anthony Browne, primer vizconde de Montague

La máquina de propaganda inglesa incrementó sus ataques cuando la Armada apareció en sus costas.

El mensaje aterrador de limpieza étnica y religiosa propagó la idea de que los españoles llevaban en sus barcos cargamentos de sogas para ahorcar ingleses e incluso bodegas llenas de látigos para azotar a las mujeres.

No acabarían aquí las tropelías españolas ya que los rumores hablaban de que todos los niños entre siete y diez años de edad serían marcados en la cara para ser reconocidos por siempre.

En la corte, un rumor afirmaba que los españoles tenían órdenes de Felipe II de pasar por las armas a todos los ingleses, hombres, mujeres y niños mayores de siete años.

Ya en 1584, la comedia “Los tres señores y las tres damas de Londres” de Robert Wilson presentaba a los españoles como la imagen del “Orgullo, Vergüenza, Ambición, Traición, Tiranía y Terror” en una obra en tres actos en la que los católicos eran aplastados por un puñado de escolares ingleses.

Mientras, los católicos ingleses eran acosados en las calles de Londres de tal manera que, según el cronista Petruccio Ubaldini, era “más sencillo encontrarse con una bandada de cuervos blancos que un inglés que apreciase a un extranjero”.

Edward Stafford, embajador inglés en París

En París, Stafford, el embajador inglés, gastó cinco coronas en imprimir cuatrocientas copias de un opúsculo que negaba que la Gran Armada hubiese tenido éxito, mientras que el embajador español seguía en sus trece y añadía que en Inglaterra “estaban muy tristes, pues se decía que Drake había sido herido en las piernas por un cañonazo”.

Después de la contienda, en la Alemania luterana se publicaron sueltos grabados caricaturescos con la burlona máxima de “Vino, vio, huyó”, en alusión a la famosa frase de Julio César.

Los holandeses acuñaron su propia moneda celebrando el fiasco español. En ella aparece la flota española dispersándose y la leyenda  VENIT.IVIT.FUIT.1588 (Llegó la noche y se fue.1588) y su escudo rodeado por SOLI.DEO.GLORIA (solo la gloria a Dios)

También los ingleses acuñaron las suyas. En 1588 y con una retórica arrogante, una familia de cuatro personas en oración se rodea de la frase “HOMO.PROPONIT.DEUS.DISPONIT” (El hombre propone, Dios dispone). En el reverso, una nave española se parte en dos con la leyenda “HISPANI.FUGIUNT.ET.PEREUNT.NEMINE.SEGUENTE» (Los españoles huyen y mueren sin que nadie les persiga).

En otra de ellas, elaborada por G.van Bylaer y acuñada en 1588, los barcos españoles aparecen rodeados por la leyenda FLAVIT+ET+DISSIPATI+SUNT+1588 (Dios sopló y ellos se dispersaron, con el nombre de Dios en hebreo) y en el reverso una iglesia sobre una isla rocosa con la leyenda × ALLIDOR × NON × LÆDOR × (Pudo ser asaltada, pero no herida)

En otra de las monedas conmemorativas del fracaso de la Gran Armada, vemos por un lado al papa Sixto V acompañado de obispos, el rey Felipe II, al archiduque de Austria Rodolfo II y al duque de Guisa (a la sazón líder del movimiento católico francés), sentados sobre un piso de púas con las leyendas DVRVM.EST.CONTRA.STIMVLOS.CALCITRARE (“dura cosa te es dar coces contra el aguijón” Hechos 9:5) y O COECAS.HOMINVM.MENTES O.PECTORA.COECA (¡Oh mentes miserables de los hombres, oh pechos ciegos! Lucrecio. De Rerum natura, II, 1-30).

En el reverso, la flota española es conducida contra las rocas y los marineros arrojados al agua con la leyenda DEVS.MAGNVS.ET.MAGNA.FACIS.TV.SOLVS.DEVS (Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas; Sólo tú eres Dios. Salmo LXXXVI,10) y VENI VIDE VIVE (Yo lo he visto en vivo)

Todo el esfuerzo propagandístico que exacerbó los ánimos de los ingleses tras el fracaso de la Empresa de Inglaterra hizo que se encargasen retablos y lienzos como el de la iglesia de Santa Fe en Gaywood, en el que se presenta a Isabel I con la flota española en retirada y la leyenda “Bendito sea el gran Dios por mi salvación”.

Tabla sobre la derrota de la Gran Armada en Gaywood, Norfolk.

Los autores de panfletos trabajaron a partir de ese momento a destajo, proporcionando una propaganda en las que los Tudor sobresalieron.

El autor de “Saludo a la manera de Skelton o merecida congratulación y justa vejación de la nación española”, dedicó diez páginas de versos ácidos que, estos sí, deberían de crispar los nervios a los que nos reprochan que nuestra página se llame “Armada Invencible”.

Entre las “perlas” que cita, habla del posible contagio de enfermedades venéreas por comer pescado que anteriormente había devorado la carne de españoles ahogados:

“Más nos conviene absternernos
de comernos el pescado
que nuestra costa ha criado,
pues que hanse sostenido
de cadáver corrompido (…)
Nuestros congrios y abadejos
comieron sin dejar nada
de aquella española Armada (…)
más estando esos despojos
picados hasta los ojos
del esclavo hasta el marqués,
difícil cosa ahora es
no sentirse preocupado”

Thomas Deloney

Por su parte, Thomas Deloney compuso, además, una balada jocosa acerca del apresamiento de la Nuestra Señora del Rosario de Pedro Valdés con el título de “Nueva y festiva balada” con versos como estos:

“Pretenden, con guerra mortal,
dejarnos pobres y en cueros;
saquear y rapiñar
nuestras ciudades y pueblos;
matar a hombres y mujeres
con malicia y con desdoro;
desflorar a nuestras vírgenes
ante nuestros propios ojos”.

Famosos fueron, además, los “textos encontrados”; pliegos publicados que hacían creer que, siendo documentos españoles, mostraban cómo se había vivido la “derrota española” desde dentro.

William Cecyl. Barón de Burghley

Uno de ellos, escrito por petición del barón de Burghley y llamado “La copia de una carta enviada desde Inglaterra a don Bernandín de Mendoza” se presentaba como un “object trouvé” donde se consideraba que los propios españoles prisioneros en Londres exclamaban que “en toda esta batalla Cristo ha demostrado ser luterano”.

«La copia de una carta enviada…»

A Medina Sidonia, foco de la burla, lo hacían ver “alojado en la bodega de su nao por seguridad” y acaba el panfleto hablando de la “Armada española a la que solían calificar de Invencible”.

Miles de grabados se perpetuaron en Inglaterra para alimentar su sentimiento nacionalista hasta bien entrado el siglo XX.

Y no solo grabados, desde nuevas monedas conmemorativas hasta calzadores (sí, calzadores), sellos y matasellos…

Calzador inglés conmemorativo de la «derrota» de la Gran Armada

No obstante, y para finalizar, la imagen más perdurable de la propaganda inglesa sea la pintura expuesta hoy en la abadía de Woburn el “retrato de la Armada”, en la que Isabel I, con una de sus manos apuntando al Nuevo Mundo y la otra descansando sobre un globo terráqueo mira al frente mientras que a sus espaldas la flota española embarranca empujada por el Viento de Dios.

El «retrato de la Armada»

Bibliografía:

La Batalla del Mar Océano. José Ignacio González-Aller, Marcelino Dueñas, Jorge Calvar y Mª del Campo Mérida. Ministerio de defensa. Armada Española. 2013

Bad queen bess? Libels, secrets histories and the politics of publicity in the reign of Queen Elisabeth I. Peter Lake. Oxford University Press. 2016

Bibliografía eclesiástica completa. Reunión de eclesiásticos y literatos. Ed. Eusebio Aguado. 1848

Historie metallique des XVII provinces des Pays-Bas. Gerard van Loon. La Haya. 1730

The Medallic History of England to the Revolution. Ed. Edward & Sons. 1790

-Armada Myths: The Phormative Phase. F. Fernández-Armesto. Spanish Armada Symposium. Támesis Books Limites. 1988

-Los fondos del Museo Naval relativos a la historia naval hispano-holandesa de los siglos XVI y XVII. Hugo O’Donnel. Diálogos Hispánicos nº16. España y Holanda. Ed. Rodopi. 1995

-La Armada Invencible. Robert Hutchinson. Ed. Pasado y Presente. 2013

-Coinarchives.com
-Cngcoins.com
-Wikipedia.com


Pedro Luis Chinchilla
Pedro Luis Chinchilla, creador de armadainvencible.org es profesional del marketing y divulgador histórico. Apasionado de la Gran Armada ha participado en los congresos sobre esta en Sligo-Irlanda (2016) y Cartagena (2019). Es colaborador habitual de la Spanish Armada Ireland y La Girona Gold de Irlanda del Norte y ha sido nombrado "Colaborador distinguido" por la Asociación de amigos del Museo de Anclas Philippe Cousteau.

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